Carme Forcadell reflexiona diez años después del 27-S: «No deberíamos haber puesto fecha límite para la independencia»

Han pasado diez años desde las llamadas “elecciones plebiscitarias” de septiembre de 2015, que abrieron la vía unilateral hacia la independencia y permitieron a Convergència frenar un posible ‘sorpasso’ de ERC con la lista unitaria Junts pel Sí. Hoy, la radiografía política y social de Cataluña muestra un panorama muy distinto al que se dibujaba tras aquellos comicios que Artur Mas planteó como un plebiscito informal de autodeterminación.

El debate entre el sí y el no a la independencia dominaba la política catalana en otoño de 2015. Las elecciones del 27-S llevaron a Junts pel Sí al Govern con la promesa de proclamar la independencia en apenas año y medio. Sin embargo, diez años después, los catalanes priorizan otras preocupaciones: vivienda, migración y seguridad han relegado los temas soberanistas, mientras Aliança Catalana, un partido secesionista de extrema derecha, continúa creciendo en apoyo electoral.

Según la última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, el no a la independencia supera ya al sí por casi 18 puntos (54,4% frente a 36,5%). Esta tendencia se refleja en los barómetros del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, que muestran un rechazo constante a la ruptura con España desde julio de 2019. En comparación, tras las elecciones de 2015, el CEO registraba un empate técnico entre partidarios y detractores de la secesión (48% frente a 47%).

El pasado fin de semana, varios diputados de la lista unitaria que incluía CDC, ERC, partidos minoritarios y miembros independientes celebraron el décimo aniversario del 27-S. Estas elecciones allanaron el camino hacia el referéndum ilegal del 1-O de 2017, aunque con un guion distinto al planeado inicialmente por Mas. La jugada sirvió, además, para evitar que ERC lograse un sorpasso según varias encuestas de entonces.

Convergència, afectada por casos de corrupción y por el desgaste político tras la confesión de Jordi Pujol en 2014, logró ocultar parcialmente sus siglas y neutralizar a sus rivales. Sin embargo, Junts pel Sí quedó a seis escaños de la mayoría absoluta, dependiendo del apoyo de la CUP, que se negó a integrarse en la lista unitaria. La coalición obtuvo el 47,8% del voto, con 39,6% para la candidatura de Mas y 8,2% para los anticapitalistas.

Carme Forcadell, entonces número dos de Junts pel Sí y presidenta del Parlament tras las elecciones, reconoce: “Creíamos que obtendríamos más diputados porque pensábamos atraer votantes de la CUP, pero no fue así”. Forcadell, que presidió la Asamblea Nacional Catalana (ANC) entre 2012 y 2015, señala: “No deberíamos haber fijado ningún plazo para conseguir nuestro objetivo”, refiriéndose al calendario exprés hacia la independencia que le llevó a ser condenada por sedición en el juicio del 1-O.

Según Forcadell, en 2015 existía una coyuntura política favorable y una mayoría social suficiente para plantear el programa electoral de Junts pel Sí, aunque admite que “unas elecciones no pueden sustituir un plebiscito con pregunta clara y respuesta binaria”.

El referéndum del 1-O se celebró en 2017 tras los vaivenes provocados por la CUP y la investidura de Carles Puigdemont, que asumió la presidencia tras el veto a Mas. Este periodo también precipitó la disolución de Convergència Democràtica. Marta Pascal, diputada y portavoz de aquel entonces, considera que la lista unitaria fue un error que debilitó al partido y permitió que JxCat absorbiera al PDeCAT.

Juan Milián, portavoz del PP en Barcelona y exdiputado en el Parlament, critica que el independentismo “mintió al presentar el 27-S como un plebiscito y afirmar que había ganado”, y sostiene que Cataluña es plural y no cuenta con un respaldo mayoritario a la independencia.

Desde el PSC, destacan que la polarización política de aquella legislatura afectó a toda la sociedad catalana. Los socialistas obtuvieron en 2015 su peor resultado hasta entonces con solo 16 escaños, y recalcan que han mantenido en los últimos años la apuesta por el diálogo y el acuerdo, frente a la vía unilateral del independentismo.

Oriol Amat, número siete de la lista de Junts pel Sí por Barcelona, recuerda que aceptó la candidatura por vocación de servicio y a petición de su padre. Tras la DUI y la aplicación del 155, decidió regresar a su carrera académica y al mundo económico, donde considera que puede aportar más. Amat se suma a los independientes que participaron en Junts pel Sí, como Lluís Llach y Eduardo Reyes, figuras clave del movimiento a favor de la independencia en colectivos como la ANC y Súmate.

En definitiva, diez años después del 27-S, Carme Forcadell y otros protagonistas del procés reconocen errores estratégicos, mientras Cataluña ha visto cómo las prioridades sociales y políticas evolucionan, relegando los debates soberanistas y replanteando el camino hacia un futuro de diálogo y negociación.

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