Bowen: El enfrentamiento en el estrecho de Ormuz aumenta el riesgo de volver a una guerra total.

El alto el fuego en el Golfo lleva cuatro semanas vigente y ya se nota su fragilidad. La determinación de Estados Unidos e Irán de mantener la presión mutua lo ha puesto en grave peligro. Este es un momento crítico.

El alto el fuego abrió una oportunidad para la diplomacia que, por un breve tiempo, pareció que podría dar frutos. Estadounidenses e iraníes se reunieron en una mesa de conferencias en Islamabad, la capital de Pakistán, pero se marcharon con las manos vacías.

Los pakistaníes intentan reactivar el proceso, aunque sin mucho éxito hasta el momento. Tanto Estados Unidos como Irán desean llegar a un acuerdo, pero tienen objetivos diferentes en mente y se mantienen firmes en sus líneas rojas. Mientras uno u otro, o preferiblemente ambos, no ofrezcan concesiones, el reinicio de las hostilidades a gran escala sigue latente.

Más que nunca, existe un alto riesgo de malinterpretación y cálculo erróneo de las intenciones y las consecuencias. Ambas son formas clásicas en que las crisis se descontrolan y las guerras se intensifican.

La decisión de Estados Unidos de escoltar dos buques a través del estrecho de Ormuz inevitablemente iba a provocar una reacción de Irán. La pregunta urgente de esta semana es si la situación se quedará ahí o si una mayor acción y reacción podrían conducir a un nuevo giro hacia una guerra total.

El control del estrecho de Ormuz se ha convertido en el eje central de la crisis. Estuvo abierto a la navegación, sin restricciones ni peaje, hasta el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. Ahora, Irán ha demostrado cómo su cierre puede significar desde un arma ofensiva hasta una fuente de ingresos y una medida de protección. Esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró ante el Parlamento que no habrá retorno al antiguo statu quo.

Estados Unidos no puede permitir que Irán convierta el estrecho de Ormuz en aguas territoriales que el régimen de Teherán pueda controlar y utilizar para cobrar a los transportistas millones en peajes, sin aceptar que la victoria táctica sobre las fuerzas armadas iraníes se ha convertido en una derrota estratégica.