En un partido que vivirá en la memoria de los fanáticos del fútbol argentino, Ángel Di María creó un momento de pura magia el 14 de septiembre.Contra el poderoso Boca Juniors en la octava jornada del torneo local, el veterano astro anotó un gol olímpico en el minuto 24 para empatar el marcador 1-1 y enviar a los hinchas locales a un éxtasis salvaje.
Preparación del partido
El escenario estaba preparado para una dura batalla, ya que Rosario Central se enfrentó a un Boca Juniors que salió con todo, dominando los primeros compases. Pero cuando las cosas no salieron tan bien, Di María, el jugador estrella de Rosario y…Campeón, estuvo a la altura de las circunstancias. Su presencia en la cancha fue simplemente electrizante, un recordatorio de por qué es venerado como uno de los mejores jugadores de la historia.
El gol que cambió el partido
Entonces llegó el momento que cambió el rumbo del partido. Tras un córner, Di María marcó un espectacular gol olímpico, metiendo el balón con un toque mágico. El estadio estalló, la afición rosarina rugió como si se hubiera abierto el cielo. El marcador era 1-1, y con él, el impulso cambió drásticamente: una puñalada a la confianza inicial de Boca.
La reacción y las consecuencias de los aficionados
Para la afición de Rosario Central, fue una alegría pura y absoluta. Las gradas se transformaron en un carnaval de celebración, con los cánticos resonando como truenos al aclamar a su héroe. Este empate difícil y cargado de emociones podría haber tenido un efecto dominó en la posición de ambos equipos en la tabla. Pero una cosa es segura: la brillantez de Di María fue un claro recordatorio de su legado imperecedero: una leyenda que aún tiene el poder de detener el tiempo de un solo golpe.