Vinicius: Ocho años en el Real Madrid, 20 casos de presuntos insultos racistas

El fútbol debería haber estado disfrutando de una obra maestra anoche: Vinicius anotó un gol tan escandaloso que mereció dominar todos los titulares.

En cambio, una vez más, el deporte fue arrastrado al mismo pantano rancio del que nunca parece poder salir: presunto racismo, negaciones, excusas y una asombrosa falta de comprensión por parte de aquellos que deberían saber más.

Vinicius ha estado en esta situación muchísimas veces. De hecho, ya ha enfrentado 20 incidentes de presuntos abusos.

La última acusación es que el centrocampista argentino del Benfica, Gianluca Prestianni, lo insultó racialmente minutos después de ese maravilloso gol.

Prestianni niega la acusación . Vinicius ha recibido un fuerte apoyo de varios de sus compañeros, en particular de Kylian Mbappé, quien declaró a los medios haber escuchado cinco veces un término racista.

Después del partido, el técnico del Benfica, José Mourinho, culpó efectivamente al propio jugador por provocar la situación.

«Estos talentos son capaces de hacer cosas tan hermosas, pero lamentablemente no estaba feliz de marcar ese golazo», declaró a Amazon Prime Video Sport. «Cuando marcas un gol así, lo celebras con respeto».

Luego continuó afirmando que el Benfica no podía ser un club de fútbol racista por la sencilla razón de que su mejor jugador de todos los tiempos, Eusebio, era negro.

Las declaraciones de Mourinho marcan un nuevo mínimo, pero son, no obstante, un indicio de que el debate mediático -sobre todo en España y hoy claramente en Portugal- sigue estancado en el mismo lugar.

«Sí, lo insultan, pero debería portarse mejor», parece ser el estribillo constante.

Como si se pudiera separar una cosa de la otra. Como si no fueran parte del mismo proceso.

Cuando Vinicius se enfrenta a la grada su actitud es interpretada como arrogante e inapropiada.

Pero se dice que esa reacción proviene de la misma fuente que sus protestas contra el racismo: una lucha constante contra un entorno hostil.

Frantz Fanon dijo en su influyente libro de 1952 Piel negra, máscaras blancas: «El hombre negro tiene que luchar el doble para ser aceptado como hombre».

Quizás para Vinicius esa carga se traduce en rabia, tensión y gestos que, desde fuera, parecen excesivos.

Pero vistos desde dentro, podrían considerarse como pura supervivencia.

Cuando la prensa española exige a Vinicius que se limite a «jugar y callar», apunta a lo que el sociólogo estadounidense Eduardo Bonilla-Silva llamó «racismo sin racistas»: marcos culturales que no insultan directamente, sino que culpan a la persona afectada por su reacción.

Vinicius se ha convertido en un símbolo mundial de la resistencia contra la discriminación y lucha para que las autoridades endurezcan sus protocolos y acciones.